Ir al contenido principal

15- La píldora

Leo en la revista “Mujer hoy” que el 70% de las mujeres británicas y estadounidenses menores de 36 años rechazan tomar la píldora contraceptiva. En España, el uso de la píldora entre las mujeres de 20-24 años alcanza el 36,2% y un 28,5% entre las de 25-29 años (encuesta de la Sociedad Española de Contracepción, citada sin referencia por Silvia López, que firma el artículo de “Mujer hoy”, del 1 de junio de 2019. La autora abunda luego en los efectos adversos, dolor de cabeza, aumento de peso, disminución del deseo sexual y depresión. Luego hace énfasis en el mayor riesgo cardiovascular asociado a tromboembolismo, riesgo que se acentúa en mujeres fumadoras que además toman la píldora (5 casos por 100.000 mujeres) y habla incluso de muertes de mujeres jóvenes asociadas al uso de contraceptivos. Hasta aquí, lo que dice Silvia, con la colaboración de dos ginecólogas a las que ha consultado. 

En el clásico texto Goodman y Gilman, “Las bases farmacológicas de la terapeútica”, 13ª edición de 2018, se dice que los contraceptivos más utilizados se basan en la combinación de un estrógeno (generalmente el etinilestradiol) y un progestáno (derivado de 19-nortestosterona). Los múltiples preparados disponibles contienen entre 30 y 35 microgramos de estrógeno por comprimido; hay píldoras más modernas con dosis más bajas de estrógeno. La dosis de progestágeno es más variable. Existen parches transdérmicos para su aplicación secuencial una vez a la semana. Estos y otros preparados hormonales (dispositivos intrauterinos, contraceptivos orales bifásicos y trifásicos, inyecciones, implantes subdérmicos, anillos vaginales), poseen en conjunto una eficacia contraceptiva de más del 99%, incluso del 99,9%, según algunos estudios.

En cuanto a los efectos adversos de los contraceptivos orales se han publicado ríos de tinta. Muchos de ellos se observaron con los preparados iniciales; los modernos preparados con dosis bajas poseen mínimos riesgos y, de hecho, ofrecen algunos efectos beneficiosos (Burkman y col. 2004, Am J Obstet Gynecol 190 (suppl 4): S5-S22). Así, en mujeres no fumadoras y sin otros factores de riesgo tipo diabetes o hipertensión, no hay un incremento significativo del riesgo de infarto de miocardio o ictus. Existe un 28% en el riesgo relativo de tromboembolismo, con una matización; en términos absolutos el aumento es mínimo ya que la incidencia de este evento en mujeres sin otro tipo de riesgos es baja, aproximadamente la mitad del riesgo de tromboembolismo inherente al embarazo. En presencia de otros factores predisponentes y exfumadoras, el riesgo se incrementa significativamente (Castello, WP. Am J Obstetr Gynecol 1999, 180: 3495-3565).

Los clásicos contraceptivos orales se asociaron a un 4-5% de hipertensión en mujeres normotensas y a un 10-15% de aumento de la presión arterial en mujeres que ya eran hipertensas. Estas cifras son insignificantes en el caso de los contraceptos modernos de bajas dosis. Tampoco estos últimos preparados se han asociado a elevaciones del colesterol sérico ni afectan el perfil de lipoproteínas circulantes; sin embargo, sí que se han asociado a un ligero aumento de los triglicéridos.

La asociación de los contraceptivos con el cáncer ha sido objeto de debate desde que se introdujeran en la clínica en los años de 1960 (Burkman y col., 2004; Westhhoff CI. Contraception 1999, 59 (suppl): 25S-28S). La preocupación mayor se relaciona con el cáncer de mama. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la incidencia de este cáncer en mujeres en edad fértil es muy baja; y también que el incremento del riesgo relativo es muy bajo, del 1,1 a 1,2, dependiendo de otras variables.

Este bajo incremento no se afecta sustancialmente por la duración del uso, la dosis o tipo de componentes de la píldora, o la edad del primer uso. Y lo que es más significativo, a los 10 años de dejar de tomar los contraceptivos orales, la incidencia de cáncer de mama es similar entre las mujeres usuarias y las que nunca lo tomaron (Westhoff, 1999). Por otra parte, los contraceptivos orales reducen un 50% la incidencia de cáncer de endometrio; también reducen la de cáncer de ovario y la de cáncer de colon (Fernández y col. Br. J Cancer 2001, 84: 722-727).

Finalmente, los contraceptivos orales se han asociado también a intolerancia a la glucosa. Sin embargo, con los preparados de bajas dosis no se han observado alteraciones metabólicas o incluso, mejoran la sensibilidad a la insulina. 

Ahora ya tienen dos opiniones sobre el uso de contraceptivos orales, la de “Mujer hoy” y la del Goodman y Gilman, la llamada familiarmente biblia farmacológica. Quédense con la que más les guste. 

Preguntas de estudio

(V, verdadero; F, falso)

15.1. La píldora contraceptiva contiene usualmente un estrógeno y un progestágeno. (V)

15.2. El contenido hormonal de la píldora era menor en las etapas iniciales de su utilización. (F)

15.3. Las dosis de derivados hormonales de las píldoras más recientes son menores que las de las píldoras clásicas. (V)

15.4. Los efectos adversos de píldoras modernas han disminuido con respecto a los clásicos. 

15.5. El riesgo cardiovascular asociado a la píldora en personas no fumadoras y sin otro tipo de riesgos, es ínfimo.

15.6. Con respecto al cáncer de mama asociado al uso de píldoras con dosis bajas de hormonas, el riesgo relativo puede considerarse como mínimo o inexistente. (V)